DÍA 8 – BAHíA DRAKE

Rumbo a Bahía Drake

Hoy nos hemos levantado a las 7:30 para ir a Bahía Drake. Teníamos 1 hora y 15 min hasta Sierpe, donde cogíamos un barco hasta allí. Hablamos con los dueños de Osa de Río, o más bien, fueron ellos los que se ofrecieron a guardar nuestras maletas. Puesto que teníamos que volver a pasar por Uvita. Así que tuvimos la gran suerte de no tener que cargar con las maletas en el barco, ni dejarlas en el coche. Nos llevamos las mochilas pequeñas y ropa para 3 días, por si nos quedábamos más de lo que teníamos pensado en Bahía Drake.

Mientras esperábamos la hora de salida del barco, había un señor con un puesto. Vendía pipas; que son cocos verdes; muy refrescantes, metidos en hielo. Típico de lugares caribeños. Llamaba mucho la atención la forma en que abría los cocos. Con un buen machete, le daba unos cuantos golpes, y listo para poner la pajita y beberle. Le compramos uno para probarle, ya que llevábamos días viéndoles, pero no nos había cuadrado parar a comprarles. Nos bebimos el jugo, que era realmente refrescante, y con el calor que hacía nos sentó genial. El interior del coco, al estar verdes eran como gelatinoso. Para nuestro gusto, un poco está rico, mucho ya no. Cuando salió el bote, le quedaban 3 pipas sin vender y las regaló a la gente que cogía los botes. Nosotros fuimos unos de los afortunados, ya que nos regaló una de ellas.

Gran aventura en el camino

Nos tocó un bote bastante potente con 150 caballos, cuando los habituales no tenían tantos. Tuvimos mucha suerte, o eso pensábamos; que ingenuos. Cuando llevábamos 20 minutos en el río por los manglares, de repente el motor empezó a pitar. El capitán le apagó y esperamos unos minutos para que se enfriase. Volvimos a ponernos en marcha y a los 5 o 10 minutos, volvió a pitar de nuevo.

El capitán nos dijo que con ese barco  no llegaríamos hasta Bahía Drake, así que esperamos al barco que salía 5 minutos más tarde que el nuestro con un motor menos potente. Este bote iba con los lugareños, tanto de Bahía Drake, como de Sierpe. El nuestro era el de los turistas. Hablaron los capitanes y el otro decía que a todos no nos podía llevar. Cada bote tiene capacidad para 22 personas. Juntando los dos, eramos 32, más las 3 gallinas de un habitante de Bahía Drake. Había que tener en cuenta que uno de los pasajeros de nuestro barco, era un poco “obeso”, y el otro capitán decía que a ese si que no le llevaba. Después de estar debatiendo un rato sobre el tema, dijo que al resto lo podía intentar. Pero seguía convencido que con este señor, no podría el barco. Al final accedió a llevarnos a todos.

Cambiando de bote en medio de los manglares

En cuanto nos dieron el visto bueno para cruzar, David me dijo que cruzara la primera y lo antes posible, antes de que se arrepintiera el capitán que nos llevaría ahora. He de reconocer, que yo deje pasar antes a un par de personas primero, porque no hay que olvidar que nos estábamos cambiando de bote, en mitad de un manglar en el cual habitaban cocodrilos y caimanes. Yo pensaba que con lo torpe que soy, seguro que los barcos se separaban y yo me iría al agua. Viendo a un par de personas cambiar, vi que no era tan complicado y allá que fui. David tardó un poco más en poder cruzar.El nuevo capitán, no hacía más que decir que eramos muchos y que no podría llevarnos a todos, David se encargó de pasar nuestras mochilas, y ayudó con otras maletas y en cuanto pudo pasó también. Yo, ya veía que al final nos íbamos cada uno para un lado, pero no, cruzamos todos, incluido el “señor obeso”. Eso si, nos tocó sentarnos separados puesto que al ir tan cargados, había que repartir bien los pesos en el barco.

Ya estamos a salvo, rumbo a Bahía Drake. Eso pensábamos, ilusos de nosotros, pero la aventura no había hecho más que empezar.

Salvavidas y rezos

Seguimos rumbo a Bahía Drake y como estamos en temporada de lluvias; empezó a llover. En la unión del río con el mar había grandes olas, con lo que dábamos unos buenos saltos, había momentos que había que agarrarse, aunque en el vídeo no se vea tan mal. La gente empezó a asustarse, empezaron a rezar y a repartir los chalecos salvavidas. A nosotros, que estamos acostumbrados al Cantábrico, no nos pareció para tanto; pero la verdad es que ver a todos así, a mi también empezó a darme un poco de miedo, o más bien respeto. La gente que está acostumbrada a realizar ese recorrido, casi se pegaba por los chalecos, y es que no hay que olvidar que el bote tiene capacidad para 22 personas, así que las cuentas de los chalecos, no cuadraban. Yo también quería mi chaleco por lo que pudiera pasar, y David no hacía más que decirme que le cogiera. Al final había salvavidas para todos.

Al poco de terminar de repartir los chalecos, el mar se calmó un poco, cuado pasamos la unión entre las aguas del río con las del mar. Con ello también el ambiente en el barco. Por fin llegamos a Bahía Drake; ahora sí, sanos y salvos; donde seguía lloviendo.

Tierra firme, por fin llegamos a Bahía Drake

Vino a buscarnos en moto Álvaro, el chico de las cabinas  Pacheco, nuestro alojamiento de esa noche. Y con él, el taxi del pueblo que nos iba a llevar sin costes, para no mojarnos. Era un trayecto de unos 500 metros, pero con la que caía hubiéramos llegados como recién salidos de la ducha con ropa y todo.

Eran las 13:30 así que nos acomodamos en las cabinas, pusimos a secar la ropa mojada, que era sobre todo lo que llevaba puesto David, ya que en el bote él se mojó bastante más. Pusimos su pantalón en el ventilador para que se secara. Al rato, cuando ya estaba más o menos seco, nos fuimos a dar un paseo.

Cenamos una pizza en el único restaurante del pueblo; en el Delicia Bahía Drake. Habíamos hablado con Álvaro para ir al día siguiente a dormir a la Jungla del Jaguar, que está justo a la entrada del Parque Nacional de Corcovado. Nos lo estuvimos pensando mucho y cuando llegamos a las cabinas, decidimos que no íbamos a entrar en Corcovado. Así que no íbamos a llegar hasta la Jungla del Jaguar, entre otras cosas porque había que pasar un río y no sabíamos cómo estaría por las lluvias.

Vistas desde la habitación en cabinas Pacheco
Bahía Drake

Ya sólo nos queda daros las gracias a tod@s por pasaros, leernos y ayudarnos a cumplir nuestros sueños. Esperamos que os haya gustado y sigáis leyéndonos.

Nos vemos pronto, un saludo enorme.

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