Día 11- Rescate de un camión en el río

Día 11 – Playa la Barrigona, ¿o no?

Bañito

Hoy ayudaremos en el rescate de un camioneto, vemos como va hundiéndose en el río, sin poder evitarlo. ¿Conseguiremos ayudarles a salir?

Nos hemos despertado a las 8:20. Nos lo hemos tomado con calma; leyendo los whatsapp; jugando unas partidas al solitario los dos juntos… vamos de relax total.

A eso de las 9:30 nos hemos levantado. Hemos recogido un poco las maletas y nos hemos ido a desayunar. Mientras David preparaba y servía los cafés yo he hecho unas tostadas de Pan Bimbo en el tostador.

Hoy pensábamos ir a la playa, pero estaba lloviendo, así que seguimos de relax. Hemos desayunado, fregado y terminado de recoger las maletas.

A pesar de repetir alojamiento, nos han cambiado a una habitación de literas compartidas, que obviamente nos han salido más baratas. Tenían que limpiar la habitación, así que hemos dejado las maletas en la sala común, junto a la cocina. Cuando ha dejado de llover, como calor hacía, nos hemos puesto rumbo a la playa de la Barrigona.

Rumbo a la playa la Barigona

Tanto el gps como la gente de las cabinas, nos dijo que había que atravesar un río y así nos ahorrábamos unos 10 kilómetros.

Rescate de un camión que se hundía

Cuando llegamos a la rivera del río y nos disponíamos a cruzar el riachuelo, nos llevamos una gran sorpresa. Vimos que de riachuelo no tenía nada. Debido a las lluvias, era un río con gran caudal. Y para mayor sorpresa, nos encontramos un camión de reparto de frutos secos, al cual, se le hundían las ruedas.

Había un coche 4×4 con una pareja francesa, que también  quería ir a la playa la Barrigona. Tanto la pareja de este vehículo, como los pasajeros del camioneto; estaban intentando su rescate, pero sin éxito. Cuando llegamos, David también les echó una mano. Pero ni poniendo piedras para poder elevar el camioneto del río, ni empujando, ni tirando, en fin, no conseguíamos nada. Con un peligro añadido, el río seguía subiendo y se hundía cada vez más. La fuerza de este, arrastraba poco a poco el camión.

Así que David se acordó que había obras cerca y llevo al conductor, que era el más joven de los dos, a buscar más ayudar. Trajeron otro 4×4 con cadenas y más fuerza, pero nada, estaba toda la parte baja del neumático hundido y algo de la llanta. Así que tuvieron que ir a buscar una pala. Cuando esta llegó, el agua casi cubría media rueda. Gracias a la pala, el rescate del camioneto, no duró más de 2 minutos. Por suerte, no hubo daños que lamentar.

Buscamos camino alternativo para ir a la playa, pero no lo vimos muy claro, así  que cambiamos de playa.

No sin antes pasar por una gasolinera, porque David había desllantado al llevar al conductor a por ayuda. Mientras dabamos martillazos a la llanta para ponerla bien, vino un señor a ayudarnos y darnos algún consejo. Hinchamos la rueda y a seguir rumbo a la playa, esta vez a la Garza, con acceso hasta la playa por camino medio asfaltado, así que buena carretera. Estuvimos en el coche esperando a que parase la tormenta eléctrica hasta aproximadamente las 14 horas.

Nos dimos un baño de más de una hora y salimos a comer, en unas mesas cerca del coche y con vistas a la playa. Después nos volvimos a dar otro baño de alrededor de otra hora.

Cuando salimos y nos estábamos cambiando, vimos una ballena, relativamente cerca de la playa. Al acabar de vestirnos, llegó el camioneto de los frutos secos, el cual por la mañana nos había dado una bolsa grande de distintos cacahuetes, algunos incluso con chocolate, tipo emanems, que compartimos con la otra pareja. Al verlos, nos acercamos para hablar con ellos un poco y de nuevo rumbo al pueblo donde estaban las cabinas.

Nos dimos una vuelta con el coche y paramos en el supermercado a comprar algo de fruta entre otras cosas. Íbamos a cenar batido. Hemos llegado a las cabinas, hemos estado con los teléfonos, hice la cena, nos duchamos, cenamos, e hice la comida para mañana mientras David organizaba que hacer, ver, y donde dormir. Cuento esto porque hasta ahora, había cocinado David todos los días.

Ya sólo nos queda daros las gracias a tod@s por pasaros, leernos y ayudarnos a cumplir nuestros sueños. Esperamos que os haya gustado y sigáis leyéndonos.
Nos vemos pronto, un saludo enorme.

Sigue leyéndonos aquí 

Post anterior

DÍA 10 – ¿ Veremos cocodrilos hoy?

Bahía Drake – Sierpe – Uvita – Sámara

Hoy nos toca día de viaje. Desde Bahía Drake hasta Sámara. Sólo de coche tenemos casi 6 horas o 400 km, como queráis verlo . Como vamos mirándolo todo, os podéis imaginar que tardamos algo más.

Pasaremos por el río Tárcoles, que dicen que está repleto de cocodrilos. Eso habrá que verlo .

Me desperté ya recuperada del todo, de la insolación del día anterior. Cogimos el bote hasta Sierpe a las 7am y nos pusimos rumbo a Uvita, Osa de Ría, para recoger nuestro equipaje. Estuvimos un rato hablando con los dueños, Gregor y Ginette y luego carretera Sámara.

Río Tárcoles, Cocodrilos

Dos horas y media aproximadamente después de salir de Uvita llegamos al río Tárcoles. Pensábamos que tendríamos que desviarnos algunos kilómetros para ver algo tan increíble; pero nos lo encontramos de paso.

Justo antes de empezar a cruzar el puente, vimos un pequeño puesto en el que vendían recuerdos, como pulseras, colgantes, dientes de cocodrilo… Veías coches parando en el medio del puente, dejando el coche arrancado, y bajando ha hacer fotos por ambos lados.

Menuda cabeza tenía este

La verdad es que sabíamos que íbamos a ver cocodrilos, pero lo que no nos imaginábamos era ver tantos, sobre todo, tan juntos y tan cerca. Miraras donde miraras, veías cocodrilos; en el agua, entre las hierbas altas… en definitiva, por todas partes. A parte de haber muchos, les había de dos tamaños en general; grandes y enormes.

Uno de los cocodrilos más grandes que vimos

Asomarse al puente, incluso daba algo de respeto. Si te cayeras, seguro que no tardaban ni dos minutos en comerte y que no quedase ni rastro de ti. Así que las cámaras bien agarradas y sin subirse al bordillo para ver más, con los que veíamos teníamos más que suficiente.

Pues había unos cuantos, y los que no se ven en la foto
A tomar el sol

Hoy nos alojamos en el Hostel Posada Matilori. Tenemos derecho a cocina. Así que nos hemos hecho un poco de arroz con frijoles y parte del pollo que compramos para comer. Nuestra habitación de esta noche, es individual. Está situada en la planta baja. Junto a la cocina y al baño, la mejor ubicada para mi punto de vista. Además es bastante amplia.

Ya sólo nos queda daros las gracias a tod@s por pasaros, leernos y ayudarnos a cumplir nuestros sueños. Esperamos que os haya gustado y sigáis leyéndonos.
Nos vemos pronto, un saludo enorme.

Sigue leyéndonos aquí

Post anterior

 

DÍA 9 – Bahía Drake II

Ruta por Corcovado, rumbo a San Josecito

Hoy tocaba ruta por Corcovado. Nos levantamos a las 5 de la mañana y a las 5:20 ya estábamos saliendo de nuestras cabinas. Las cuales están situadas junto a la playa Colorada, que es donde nos dejó el barco el día anterior.

Rutas por Corcovado

Nuestra caminata rumbo a San Josecito en el Parque Nacional de Corcovado

Íbamos andando y mirando a todos lados. Vimos muchos animales, como por ejemplo, un tucán pico iris, que como su propio nombre indica, es un tucán con el pico de colores. Estuvimos andando hasta cerca de las 11; unos 8 km. Parando a fotografiar todo y a mirar a todos lados, sobre todo cuando oíamos algo moverse.

La ruta transcurría dejando a la derecha el inmenso mar pacífico con sus calitas de ensueño y la densa selva  llena de plantas y animales exóticos a la izquierda.  En algún tramo la ruta se adentraba tanto en la selva, que ni veiamos ni escuchabamos el mar. Sintiendo que éramos los únicos humanos del lugar, rodeados de una fauna y flora única. Así que íbamos caminando entre árboles inmensos, rodeados de naturaleza al 100%.

Al madrugar tanto pudimos ver bastante actividad, los animales se despertaban y comenzaban a moverse. Vimos muchas aves sobrevolar nuestras cabezas. Muchos monos trepando y saltando de árbol en árbol, mientras hacían sus típicos chillidos, que se escuchaban cada poco por toda la selva.

Decidimos que no llegaríamos hasta el Refugio del Jaguar, porque nos dijeron que teníamos que cruzar un río y tal y como había estado lloviendo días atrás, no sabíamos si eso sería posible. Así que decidimos parar y disfrutar de la Selva y la naturaleza al completo, vistas incluidas, sin avanzar más.

Alojamiento Corcovado Adventures Tent Camp

Junto a la playa Las Caletas, había un Hostel llamado Corcovado Adventures Tent Camp, que eran unas tiendas de campaña pero en plan chill out. La verdad que llamaban mucho la atención y parecían muy cómodas y acogedoras.

Aquí os dejo alguna de las fotos que sacamos. Aunque viéndolas ahora, he de reconocer que no las hacen justicia.

Corcovado Adventures Tent Camp
Adventures Tent Camp

De vuelta, achicharrados y con una insolación

Llegamos hasta Marenco, donde nos dimos un bañito en una de sus maravillosas calas. Ya de vuelta, andamos un kilómetro aproximadamente y nos dimos otro bañito en la playa Las Caletas.

Más playa
Nosotros después de un bañito en la playa

Insolación y aún queda la vuelta En la playa Las Caletas, tuve la brillante idea de tomar el sol un rato. Resultado, nos quemamos y a mi, me dió una insolación por dormirme.

Volvimos andando un poco, pero como estaba bastante mareada y me daba vueltas todo, David me llevó a cuchus; es decir, subida en su espalda; hasta unas mesas cercanas, situadas a la sombra. Forzamos mi desmayo haber si así se me pasaba y podíamos volver andando. Pero al no ser por mis desmayos, sino por la insolación, al despertar seguía igual.

Junto a estas mesas, estaban los alojamientos VanVan House, con servicio de bote-taxi incluido. También tenían pinta de ser muy acogedores y llamaban la atención. La verdad, que al estar en mitad de la selva; por lo menos a nosotros; ya nos robaron la mitad del corazón. Además al no ser alojamientos lujosos, para nuestro gusto, eran totalmente recomendables.

Bote-taxi VanVan y de nuevo con chaleco salvavidas

Contratamos el servicio de bote – taxi, para llegar hasta Bahía Drake y poder ir a nuestras cabinas. Puesto que no veíamos posible el volver andando por los caminos, estando yo tan mareada. Ya que el camino no era fácil y había que andar entre raíces enormes y en algún un punto, junto algún pequeño acantilado.

Zona con grandes raíces en mitad del camino

Cuando ya íbamos a subir al bote de VanVan, que era el nombre del chico que nos llevaba, me volví a desmayar; esta vez, sí que fué por mis desmayos. Así que el chico bastante asustado, me mandó poner un chaleco salvavidas por si me volvía a pasar.

Llegamos a las cabinas sobre las 15:30 y estuve durmiendo hasta las 20h. David se fué a dar un paseo hasta la tienda y compró batido de chocolate y galletas para cenar algo y desayunar mañana. A las 22 ya teníamos las maletas hechas y nos fuimos a dormir hasta las 6. Dormí de un tirón.

Más carteles en el Parque Nacional Corcovado y publicidad de hostels

Por favor, No alimente la vida silvestres. Los monos pueden encontrar su propia comida.
Las playas son hermosas. Ayúdales a permanecer así. NO COJA LAS CONCHAS.
Bienvenido. COPA DE ÁRBOL. resort de playa y selva
Cartel en VanVan House

Algunos de los animales que vimos por el Parque Nacional

Ardilla
Mono cara blanca
Dos cangrejitos en una hoja de árbol gigante
Una zarigüeya
Ya sólo nos queda daros las gracias a tod@s por pasaros, leernos y ayudarnos a cumplir nuestros sueños. Esperamos que os haya gustado y sigáis leyéndonos.
Nos vemos pronto, un saludo enorme.

Sigue leyéndonos aquí

Post anterior

DÍA 8 – BAHíA DRAKE

Rumbo a Bahía Drake

Hoy nos hemos levantado a las 7:30 para ir a Bahía Drake. Teníamos 1 hora y 15 min hasta Sierpe, donde cogíamos un barco hasta allí. Hablamos con los dueños de Osa de Río, o más bien, fueron ellos los que se ofrecieron a guardar nuestras maletas. Puesto que teníamos que volver a pasar por Uvita. Así que tuvimos la gran suerte de no tener que cargar con las maletas en el barco, ni dejarlas en el coche. Nos llevamos las mochilas pequeñas y ropa para 3 días, por si nos quedábamos más de lo que teníamos pensado en Bahía Drake.

Mientras esperábamos la hora de salida del barco, había un señor con un puesto. Vendía pipas; que son cocos verdes; muy refrescantes, metidos en hielo. Típico de lugares caribeños. Llamaba mucho la atención la forma en que abría los cocos. Con un buen machete, le daba unos cuantos golpes, y listo para poner la pajita y beberle. Le compramos uno para probarle, ya que llevábamos días viéndoles, pero no nos había cuadrado parar a comprarles. Nos bebimos el jugo, que era realmente refrescante, y con el calor que hacía nos sentó genial. El interior del coco, al estar verdes eran como gelatinoso. Para nuestro gusto, un poco está rico, mucho ya no. Cuando salió el bote, le quedaban 3 pipas sin vender y las regaló a la gente que cogía los botes. Nosotros fuimos unos de los afortunados, ya que nos regaló una de ellas.

Gran aventura en el camino

Nos tocó un bote bastante potente con 150 caballos, cuando los habituales no tenían tantos. Tuvimos mucha suerte, o eso pensábamos; que ingenuos. Cuando llevábamos 20 minutos en el río por los manglares, de repente el motor empezó a pitar. El capitán le apagó y esperamos unos minutos para que se enfriase. Volvimos a ponernos en marcha y a los 5 o 10 minutos, volvió a pitar de nuevo.

El capitán nos dijo que con ese barco  no llegaríamos hasta Bahía Drake, así que esperamos al barco que salía 5 minutos más tarde que el nuestro con un motor menos potente. Este bote iba con los lugareños, tanto de Bahía Drake, como de Sierpe. El nuestro era el de los turistas. Hablaron los capitanes y el otro decía que a todos no nos podía llevar. Cada bote tiene capacidad para 22 personas. Juntando los dos, eramos 32, más las 3 gallinas de un habitante de Bahía Drake. Había que tener en cuenta que uno de los pasajeros de nuestro barco, era un poco “obeso”, y el otro capitán decía que a ese si que no le llevaba. Después de estar debatiendo un rato sobre el tema, dijo que al resto lo podía intentar. Pero seguía convencido que con este señor, no podría el barco. Al final accedió a llevarnos a todos.

Cambiando de bote en medio de los manglares

En cuanto nos dieron el visto bueno para cruzar, David me dijo que cruzara la primera y lo antes posible, antes de que se arrepintiera el capitán que nos llevaría ahora. He de reconocer, que yo deje pasar antes a un par de personas primero, porque no hay que olvidar que nos estábamos cambiando de bote, en mitad de un manglar en el cual habitaban cocodrilos y caimanes. Yo pensaba que con lo torpe que soy, seguro que los barcos se separaban y yo me iría al agua. Viendo a un par de personas cambiar, vi que no era tan complicado y allá que fui. David tardó un poco más en poder cruzar.El nuevo capitán, no hacía más que decir que eramos muchos y que no podría llevarnos a todos, David se encargó de pasar nuestras mochilas, y ayudó con otras maletas y en cuanto pudo pasó también. Yo, ya veía que al final nos íbamos cada uno para un lado, pero no, cruzamos todos, incluido el “señor obeso”. Eso si, nos tocó sentarnos separados puesto que al ir tan cargados, había que repartir bien los pesos en el barco.

Ya estamos a salvo, rumbo a Bahía Drake. Eso pensábamos, ilusos de nosotros, pero la aventura no había hecho más que empezar.

Salvavidas y rezos

Seguimos rumbo a Bahía Drake y como estamos en temporada de lluvias; empezó a llover. En la unión del río con el mar había grandes olas, con lo que dábamos unos buenos saltos, había momentos que había que agarrarse, aunque en el vídeo no se vea tan mal. La gente empezó a asustarse, empezaron a rezar y a repartir los chalecos salvavidas. A nosotros, que estamos acostumbrados al Cantábrico, no nos pareció para tanto; pero la verdad es que ver a todos así, a mi también empezó a darme un poco de miedo, o más bien respeto. La gente que está acostumbrada a realizar ese recorrido, casi se pegaba por los chalecos, y es que no hay que olvidar que el bote tiene capacidad para 22 personas, así que las cuentas de los chalecos, no cuadraban. Yo también quería mi chaleco por lo que pudiera pasar, y David no hacía más que decirme que le cogiera. Al final había salvavidas para todos.

Al poco de terminar de repartir los chalecos, el mar se calmó un poco, cuado pasamos la unión entre las aguas del río con las del mar. Con ello también el ambiente en el barco. Por fin llegamos a Bahía Drake; ahora sí, sanos y salvos; donde seguía lloviendo.

Tierra firme, por fin llegamos a Bahía Drake

Vino a buscarnos en moto Álvaro, el chico de las cabinas  Pacheco, nuestro alojamiento de esa noche. Y con él, el taxi del pueblo que nos iba a llevar sin costes, para no mojarnos. Era un trayecto de unos 500 metros, pero con la que caía hubiéramos llegados como recién salidos de la ducha con ropa y todo.

Eran las 13:30 así que nos acomodamos en las cabinas, pusimos a secar la ropa mojada, que era sobre todo lo que llevaba puesto David, ya que en el bote él se mojó bastante más. Pusimos su pantalón en el ventilador para que se secara. Al rato, cuando ya estaba más o menos seco, nos fuimos a dar un paseo.

Cenamos una pizza en el único restaurante del pueblo; en el Delicia Bahía Drake. Habíamos hablado con Álvaro para ir al día siguiente a dormir a la Jungla del Jaguar, que está justo a la entrada del Parque Nacional de Corcovado. Nos lo estuvimos pensando mucho y cuando llegamos a las cabinas, decidimos que no íbamos a entrar en Corcovado. Así que no íbamos a llegar hasta la Jungla del Jaguar, entre otras cosas porque había que pasar un río y no sabíamos cómo estaría por las lluvias.

Vistas desde la habitación en cabinas Pacheco
Bahía Drake

Ya sólo nos queda daros las gracias a tod@s por pasaros, leernos y ayudarnos a cumplir nuestros sueños. Esperamos que os haya gustado y sigáis leyéndonos.

Nos vemos pronto, un saludo enorme.

Sigue leyendo aquí

Post anterior

 

Día 7 – UVITA – Viendo ballenas y delfines

Hoy se presentaba un gran día en el que iríamos a ver delfines y ballenas; uno de mis animales favoritos; en libertad. Disfrutando del Parque Nacional Marino Ballena.

Nos hemos levantado muy ilusionados con poder ver ballenas y delfines en total libertad. El barquito en el que fuimos tenía capacidad para 20 personas; aunque sólo éramos 10, 7 pasajeros, más el guìa de la excursión, el capitán del barco y el marinero que era el hijo del dueño.

En el barco

Viendo delfines

Primero vimos unos 20 ejemplares de delfines. Es como en los documentales de la tele, les ves saltar, acercarse a jugar; acercarse tanto que incluso pasan por debajo y en ocasiones, tienes la sensación que si estiras un poco más el brazo, podrías incluso tocarles.

Secuencia delfines saltando junto al barco

Viendo ballenas

Después de estar disfrutando del espectáculo que es verles en libertad, dando saltos, cambiamos de zona, para ver a las ballenas. Pudimos ver a una ballena con su cría. Desde una distancia prudencial para no asustarlas. La cría estaba tumbada panza arriba sobre su madre. Una imagen muy tierna. Luego vimos dos ballenas más. Tuvimos mucha suerte, porque era la época de nacimientos de las ballenas.

Apenas se aprecia pero es la cría de ballena sobre su madre.

Después de ver los delfines y las ballenas, nos llevaron a otra zona donde poder bañarnos. El tour estuvo genial, aunque tengo que reconocer que me mareé y estuve vomitando por la borda; parece mentira que esté acostumbrada a ir en las Reginas por el Cantábrico. No pude acabar de comer el taper con fruta partida; piña y sandía; que nos dieron en el barco junto con un botellín de agua.

Después de “mi percance” paramos a darnos un bañito con el barco, el cual me sentó genial y el agua estaba buenísima. También fuimos a ver las cavernas; había un montón; y algunas playas desde el barco. Un tour bastante completo de tres horitas. Decidimos quedarnos un rato en la playa y darnos otro bañito en el Pacífico.

Después del Tour

Hoy repetimos alojamiento en Osa de Río. Antes de volver a las cabinas,  pasamos por el super a comprar un poco de carne picada entre otras cosas. Pensábamos comerla con arroz. Pero al llegar, los dueños habían comido arroz y nos dieron lo que les sobró, así que sólo hicimos la carne.

Pensábamos acercarnos a ver unas cascadas que hay cerca de las cabinas, pero había que pagar, porque pasabamos por una finca privada; así que decidimos no ir. Íbamos a ir a ver el atardecer desde la playa, pero el día empezó a nublarse, así que no íbamos a ver gran cosa, por lo tanto nos quedamos de relax disfrutando de las cabinas y de la compañía de sus propietarios. Cenamos zumo de piña y plátano que habíamos comprado y usamos su batidora/licuadora.

La calidad de las fotos no es muy buena, intentaremos mejorarla en futuros viajes

Ya sólo nos queda daros las gracias a tod@s por pasaros, leernos y ayudarnos a cumplir nuestros sueños. Esperamos que os haya gustado y sigáis leyéndonos.
Nos vemos pronto, un saludo enorme.

Día 6 – Parque Nacional Marino Ballena y Uvita

Rumbo a Uvita

Hoy nos toca ponernos rumbo al Parque Nacional Marino Ballena y  despedirnos del parque Nacional de Cahuita. Atravesando el Parque Nacional de los Quetzales; lastima que no era época, no vimos a ninguno.

Para desayunar teníamos un montón de cosas. Café con leche, zumo de naranja (una jarra para los dos), 3 tortitas, una galleta hecha por el dueño, un croissant, un bollo con crema pastelera, un trozo de tarta de galleta con crema de cacao, mermelada de fresa, de melocotón, crema de cacahuete, sirope de arce, miel y un plato de fruta troceada. ¡¡Menudo desayuno!!¡¡Manjar de dioses!!

Después de conducir casi 8 horas, llegamos a Uvita.

Parque Nacional Marino Ballena

Las cabinas Osa de Río en el Parque Nacional Marino Ballena, eran nuestro alojamiento estos días. Las vistas eran increíbles, situado en plena naturaleza. Estaba construido en contenedores de barco, uno encima de otro. Muy bien repartido y muy bonito decorado.

Vistas desde la habitación
Basilisco dándonos la bienvenida

Nos fuimos a dar un paseo por la playa y reservamos el Tour para mañana ver ballenas y delfines (en septiembre y Octubre, dicen que se ven muchas).

Viendo el atardecer
Escribiendo en la pedazo de cama que teníamos

Los dueños de Osa de Río eran un matrimonio formado por un francés que se enamoró de Costa Rica y decidió irse a vivir por el pacífico del país; donde conoció a una Tica de la que debió enamorarse más aún, y decidió vender su casa de Francia. Era una pareja muy simpática y agradable. Nos estuvieron indicando que ver y cuál era la mejor forma de llegar a los lugares imprescindibles de ver.

Ya sólo nos queda daros las gracias a tod@s por pasaros, leernos y ayudarnos a cumplir nuestros sueños. Esperamos que os haya gustado y sigáis leyéndonos.
Nos vemos pronto, un saludo enorme.

DÍA 5 – Parque Nacional CAHUITA II. Experiencia inolvidable

Hoy conoceríamos el Parque Nacional de Cahuita, donde vimos muchos animales, disfrutamos de la naturaleza y del paisaje. Además tuvimos una gran experiencia y un gran susto. Sigue leyendo para ver lo que nos pasó.

El sitio nos pareció muy caro, así que desayunamos dos cafés y nos marchamos. Habíamos reservado habitación en las cabinas ByB Buena Suerte. No queríamos repetir noche en este lugar. Después de recoger, nos fuimos a las nuevas cabinas a ver si podíamos dejar las maletas antes de la hora de entrada. Nos dejaron a las 10 nuestra habitación, cuando la entrada era a las 12. Los dueños eran italianos. Nos recibieron con un zumo y unas galletas caseras que hizo el propio dueño. No tuvimos que buscar otro sitio para desayunar.

Parque Nacional Cahuita

PARQUE NACIONAL CAHUITA

Nos fuimos al Parque Nacional de Cahuita, sin guía. El precio de la entrada era la voluntad. Fuimos paseando a nuestro aire mirando para todos lados, sobre todo cuando oíamos algún ruido.

Árbol caído, cortado para dejar el camino libre

Tuvimos mucha suerte y vimos muchos animales; mapaches, iguanas, basiliscos, monos cara blanca, una serpiente venenosa al lado del camino (serpiente europea) y varios perezosos, entre otros animales.

Algunos de los animales que vimos

Serpiente Europea. Venenosa
Basilisco

 

Las arañas eran enormes

Un montón de plantas originales

Parece una rosa
Menudo rojo, brillante y llamativo
si no me equivoco esta planta se llamaba del león

Vimos a un mapache muy descarado, no tenía ni miedo, ni respeto a la hora de acercarse a los humanos; al fin y al cabo somos nosotros quienes invadimos su espacio. Se subió en una mesa que estaba junto a la playa, sobre la que había una nevera y comida e intentaba coger cualquier cosa comestible.

Un mapache intentando robar comida

También vimos a una ardilla a escasos centímetros, David intentó echarla una carrera haber quien abría antes una nuez. Si David con la pequeña navaja que llevamos en el llavero del coche o la ardilla. Por supuesto ganó la ardilla, y nos echamos unas buenas risas viendo con la facilidad que lo hacía.

David intentando abrir una nuez
La ardilla abriendo la nuez
La ganadora, más de cerca

¡GRAN SUSTO!

Vimos como un perezoso se caía de un árbol a unos 10 metros de altura. Al caer no se movía, David se acercó, saliéndose del camino, para ver si estaba bien. El perezoso, le agarró un poco con su mano, o más bien con su uña, pero no se movió más.

Nos temíamos lo peor, así que David fue a buscar a un guía con el que nos habíamos cruzado hacía no mucho. Yo me quedé para saber cuál era el sitio exacto donde estaba, y no perderle de vista. Debió de tardar unos cinco minutos el perezoso en mover un brazo, levantó la cabeza y al verme se volvió a dejar caer. Tardó otros cinco minutos más por lo menos en empezar a levantarse e intentar trepar.

Trepó por un árbol que debía medir poco más de un metro, así que cuando llegó arriba, tuvo que volver a bajar y buscar otro árbol. Todos sus movimientos eran como verlo a cámara lenta. Cuando llegó David con el guía y un par de personas que iban con el guía, nos dijo que si no se movía era muy probable que no sobreviviera. Nos aseguramos de que estaba bien y continuamos con nuestra visita.

Uno de los perezosos colgado de un árbol

Llegamos hasta la Punta, a mitad del camino. Ahí paramos a hablar con un guía que indicaba la distancia que había hasta el final para saber si podíamos acabar. Nosotros decidimos dar la vuelta y regresar por la playa. Nos dimos un bañito de más de una hora, el agua estaba buenísima y nos limitamos a disfrutar durante un buen rato del lugar, del momento y sobre todo de nosotros.

Nosotros en una de las mesas del camino

Momento gracioso con una ola

No he podido evitar ponerlo

Cuando salimos del parque dimos un paseo por el pueblo. Buscábamos recuerdos para nuestra gente y para nosotros, pero no encontrábamos suvenires (menuda aventura fué conseguir algo. Pero esto ya os lo contaré más adelante, cada cosa en su momento). Lo que sí encontramos fue un sitio de crepes que tenían una pinta buenísima. Nos pensamos el volver después de cenar, pero estaban a punto de cerrar y si no, no podríamos comerlas, así que nos pedimos una par los dos de banana y chocolate, con un zumo, pero este estaba muy aguado. Luego nos fuimos a cenar una pizza y a las cabinas. Allí conocimos a otra pareja de catalanes, esta vez de Gerona. Nos pusimos ha hablar, nos dijeron más cosas y sitios que ver y al final nos dieron las 23.

Algunos de los corales que vimos
Otro coral en el camino

 

Ya sólo nos queda daros las gracias a tod@s por pasaros, leernos y ayudarnos a cumplir nuestros sueños. Esperamos que os haya gustado y sigáis leyéndonos.

Nos vemos pronto, un saludo enorme.

Sigue leyendo 

Post anterior

DÍA 4 – CAHUITA

Rumbo a Cahuita

Hoy toca día de viaje, desde Tortuguero a Cahuita y seguir conociendo Costa Rica

Por la mañana Eric tenía un fuerte dolor de espalda. Así que nos fuimos a tomar un zumo y luego a coger el barco de vuelta a la Pavona juntos. Les acercamos hasta Cariari, para evitar que tuviera que ir en el autobús por todos aquellos baches, que aunque David les cogía con cuidado, se le veía la cara de dolor.

Allí nuestros caminos se desviaban y les dejamos en el autobús con destino San José, pues su viaje acababa.

Nosotros rumbo a Cahuita. Comimos en una soda en el camino y llegamos a las cabinas Reggae a las 15:15. Mientras yo escribía, David se echó un rato en la hamaca del porche y se quedó dormido; no me extraña después de tantos kilómetros conduciendo.

Este alojamiento no nos gustó. No funcionaba el Wi-Fi, más que en el bar; en el cual como parte positiva había música en directo, lo no tan bueno es que estuvieron hasta las 23 de la noche.

Hamaca en el porche de nuestra habitación, donde David hizo una pequeña siesta

Nos fuimos a cenar en una soda que nos recomendó un taxista de la zona. No recuerdo el nombre, pero estaba más o menos enfrente de las Cabinas Palmer Makanda. Era una casa y tenía 4 o 5 mesas en el porche. Vimos entre las dos puertas que debían dar a la casa, a una señora tumbada en un sofá. La preguntamos si daban cenas y muy amable nos acompañó a sentarnos en una de las mesas de la terraza. Nos trajo la cena, que fué un casado a cada uno y nos pidió permiso para sentarse en la mesa de al lado, para poder hablar con nosotros.

Nos explicó que allí la educación es 100% gratuita. Todos los colegios llevan uniformes, los cuales paga el estado, y también los libros, cuadernos, bolígrafos… y todo el material del colegio. Nos contó que en los pueblos que había pocos niños, lo que hacían era mover a los profesores. Los niños tienen que tener tiempo para ir a la escuela, pero también para jugar, si tenían que desplazarse durante una hora en coche o en autobús perderían tiempo de estar con la familia, de jugar y de descansar. Fué una cena muy agradable con su compañía.

Vistas desde el bar

En el bar de las cabinas buscamos el alojamiento del día siguiente; disfrutando de la música. Después de un par de canciones pasaron la gorra mientras hacían un descanso. Vimos un basilisco en una maceta. El bar era 100% al aire libre.

El jardín

A las 5 de la mañana los dueños ya andaban a gritos. Por lo que el descanso… fue un poco inexistente.

Este día fué un poco sin demasiadas cosas que contar. Pero el post que viene será un poco largo. Así que coge fuerzas y disfruta del siguiente

 

Ya sólo nos queda daros las gracias a tod@s por pasaros, leernos y ayudarnos a cumplir nuestros sueños. Esperamos que os haya gustado y sigáis leyéndonos.
Nos vemos pronto, un saludo enorme.

DÍA 3 – Parque Nacional de TORTUGUERO II

Tortuguero

Hoy quedamos a las 5:15 con la pareja Catalana para desayunar, y con Roberto media hora después. Fuimos a conocer al guía que nos llevaría hacer un tour en canoa por el Parque Nacional de Tortuguero.
Amaneció con un día buenísimo, para poder disfrutar tanto del sol, como de la cantidad de animales que habitan por allí. Vimos muchas aves, una iguana enorme, caimanes, mariposas, monos de varias clases, basiliscos, un tucán pico iris que voló sobre nosotros a buena altura pero lo suficiente para poder distinguirlo en el aire… Al terminar nos fuimos los cuatro a tomar unos batidos al agua de frutas que estaban buenísimos.
Tortuga de Tierra
¿Encuentras el animal? Un Caimán
Rana venenosa
Garza
Sobre la rama un Basilisco
Luego nos fuimos a la piscina y cuando nos quisimos dar cuenta eran las 15.
Disfrutando de la piscina

Teníamos la entrada para ver el Parque Nacional de Tortuguero. Nos hizo falta sacarla por la mañana para las canoas. Fuimos a vestirnos y a las 15:55 estabamos en la puerta del parque, el cual cerraba a las 16. Nos dejaron pasar sin problemas y dimos un paseo disfrutando de la naturaleza. Entre árboles, plantas enormes, arañas bastante más grandes de lo que hubiéramos imaginado y algún que otro animal, llegamos a la playa. Como ya dije en el pasado post, era época de desove y del nacimiento de las primeras tortugas que ya llevarían los huevos tres meses allí. Así que decidimos volver a las cabinas por la playa.

 

Parque Nacional de Tortuguero
Huevos eclosionados


Cada vez que veíamos los pájaros posarse en la arena, David se acercaba por si iban a comerse a las tortuguitas recién nacidas. De pronto vimos una cámara que estaba super bien echa y nos asomamos para contemplarla.

¡SORPRESA! Dentro había una tortuguita que no podía salir. Cogimos un trozo de coco para ayudarla. Uno de los guías del parque antes de entrar, nos dijo que si la cogias y la llevabas directamente al agua, esa tortuga seguramente no supiese volver nunca a poner allí sus huevos. Estas tortugas volverán 25 años después a desovar. Para hacerlo necesitan sentir los sedimentos. Así que ahí estábamos los cuatro haciendo un pasillo para evitar que la comiesen y animandola a llegar al mar. Nos reíamos cuando la veíamos que volvía hacia atrás, cuando volvió a caer en otra cámara de la que tampoco podía salir, o cuando saltaba obstáculos estando tan cerca de rodearlos. Tres ingleses que pasaban por la playa, al vernos se acercaron y también la “escoltaron”. 

Huellas de tortuga recién nacida
Una cámara muy bien conservada y ¡Sorpresa! una tortuguita dentro
Cuando llegó a la orilla vimos como llegaban un par de olas, pero no llegaban ni a mojar sus patitas. Hasta que llegó la ola que se la llevó al mar. Fué una sensación que a día de hoy no sabría describir; pero de haber formado, al menos un poco, parte de esa tortuguita.

Los ingleses siguieron su camino, que era en dirección opuesta a la nuestra. Y nosotros volviendo hacia las cabinas, vimos gran cantidad de plásticos que el mar habría llevado hasta allí. Así que sin mediar palabra, empezamos a recoger parte de aquella basura, hasta que no pudimos con más.

La tortuguita más de cerca

David encontró un caparazón de tortuga que me dió para traer a España, que claramente sería para Carla, su sobrina pequeña. Yo cogí otro, porque también quería uno de recuerdo.

 

Ya sólo nos queda daros las gracias a tod@s por pasaros, leernos y ayudarnos a cumplir nuestros sueños. Esperamos que os haya gustado y sigáis leyéndonos.
Nos vemos pronto, un saludo enorme.

Sigue leyendo

Post anterior

DÍA 2 – TORTUGUERO

A las 6 am ya nos habíamos levantado; 30 min antes que sonara el despertador. Recogimos las maletas y nos fuimos a desayunar; menuda variedad. Cogimos carretera a La Pavona y a las 11 dejamos el coche allí. El barco salía en 5 minutos, así que mientras David sacaba los billetes, yo cogía las maletas, vino el capitán del barco a ayudarme con ellas y a subirlas al barco. El viaje en barco duró una hora. En el camino vimos dos cocodrilos.
Nota mental : No volver ha hacer viajes así con maletas, usar mochilas. Por otra parte, es lo que solemos usar nosotros, no sé porqué tuvimos que innovar en esta ocasión.
Vino a recogernos Roberto, el encargado de las actividades de las cabinas Icaco, y fuimos andando unos 10 minutos hasta las cabinas. Pasamos por mitad del pueblo. El cuál, de primeras nos llamó la atención porque eran casas tipo chabolas, y nos pareció que todos eran muy pobres (más tarde cuando fuimos a comer, vimos que era su forma de vivir, que en ninguna casa faltaba su tele de plasma y que la gente tenía buenos móviles).
Una vez en las cabinas, tuvimos que pagar con PayPal porque no funcionaba el datáfono. Estaban situadas justo al otro extremo de donde nos dejó el barco, con lo cual teníamos el mar Caribe a pie del alojamiento. Según llegar, había 6 hamacas, pasabas junto a ellas y a la derecha, tenías un amplio comedor con varias mesas, que estaban separadas del camino con unas pequeñas vallas de madera. Al final del comedor estaba la recepción con un pequeño sofá, y una mesa con el ordenador. De ahí el camino se dirigía a las distintas habitaciones, todas ellas con un pequeño porche fuera, con una mesa y un par de sillas.
En las hamacas de las cabinas Icaco en Tortuguero
y Junto a la recepción, rumbo a las habitaciones de las cabinas Icaco

 

Tras alojarnos, nos fuimos a comer a una Soda que nos recomendaron en la recepción. Comimos un casado cada uno; la cantidad estaba genial.
El casado de David
El casado de Azu

 

 

 

Zumo natural de fruta, bien fresquito y delicioso

 

Después de comer, dimos un pequeño paseo por el pueblo donde vimos estas figuras, que llamaron nuestra atención.

 

Decidimos ir a la piscina, puesto que hacía un calor insoportable. De repente empezó a llover y nos quedamos en las hamacas de las cabinas. Cuando ya sólo chispeaba; no podía ser de otra manera; David se puso el bañador y fué a darse el primer baño en el Caribe. Yo le acompañé con la toalla, metiendo sólo los pies. Tengo que reconocer que el agua estaba buenísima, seguramente mejor dentro que fuera. Por la noche contratamos ver el desove de las tortugas en el primer turno, el de las 20. Coincidimos con una pareja de Catalanes; Eric y Elia; con los que estuvimos el resto de la estancia en Tortuguero.

Desove de las Tortugas

Roberto vino a buscarnos al hotel para llevarnos a ver el desove. Llevaba luces rojas al igual que todos los guías para molestar lo menos posible a las tortugas en su proceso.

Vimos las cuatro fases; como hacen el agujero, la cámara, donde más tarde pondrán los huevos, y luego lo cubren de tal forma, que resulta prácticamente imposible saber donde puso los huevos. Y por último el nacimiento 3 meses después. Vimos a las Tortugas Marinas Verdes.

La primera justo terminó de desovar y empezó a tapar el agujero. Después de verlo todos un poco, nos fuimos rápidamente a ver a otra tortuga que ya había hecho el agujero y la cámara y empezaba con el proceso de poner los huevos. Vimos como iban cayendo y como lloraba mientras entraba en una especie de trance por el esfuerzo. Fué alucinante, se nos pusieron los pelos de punta, una experiencia única que sin duda recomiendo a cualquier amante de los animales y de la naturaleza. Lástima no tener fotos propias, pero estaba prohibido ya que las luces pueden hacer que salgan del trance y no pongan los huevos.

Pero como casi siempre también hubo un lado malo. Hace años en Tortuguero cazaban a las tortugas para comer, ya que abundaban. Aún hoy en dia, hay cazadores furtivos que las cazan y por lo visto se paga bastante bien. Aunque también corres el riesgo de una multa bastante elevada. Cuando ya acabamos el tour e íbamos hacia nuestras cabinas, los guías vieron marcas de como se acababan de llevar a una tortuga arrastras para según decían hacer caldo de tortuga que dicen está buenísimo. Después de ver el espectáculo que es ver todo el proceso, verlas llegar e irse de la playa, es algo que personalmente no probaría aunque lo regalasen.

Aquí os dejo alguna foto de internet, para que podáis ver un poco el proceso.
Fotos de internet del desove, momento en el que pone los huevos
Foto de internet. Tortuga llegando para desovar

 

Foto de internet. Tortuga volviendo al mar, después de poner sus huevos
Ya sólo nos queda daros las gracias a tod@s por pasaros, leernos y ayudarnos a cumplir nuestros sueños. Esperamos que os haya gustado y sigáis leyéndonos.

Nos vemos pronto, un saludo enorme.

Sigue leyendo

Post anterior